El mito de Yosemite

Publicado el 20 diciembre 2014
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Hambre de naturaleza necesitas para afrontar con garantías de éxito una salida como esta al parque de Yosemite. Lo mejor es hartarse de ciudad por las calles de San Francisco. Entonces, desearás recorrer lo más rápido posible los 300 km que separan esta ciudad del parque. Hay varias opciones pero la más cómoda es la del tren. Hay que llegar a Oackland y allí ya se coge el tren que en unas 2 horas y media te deja en Merced. Desde aquí, en bus, en tres cuartos de hora llegas al parque natural. Los trenes son muy cómodos y permiten hacer mesa redonda. Una vez en el parque lo más acertado es contratar un servicio completo. Así no hay que preocuparse demasiado. Te recogen, te llevan y te traen. En total son unas 16 horas y el precio ronda los 125 €. Pero si has llegado hasta aquí no te arrepentirás tan fácilmente …

En el parque no hay que preocuparse de nada. Basta con llevar bien cargada de megas la máquina de fotos. El “Gold Country”, este país de oro que te encuentras a tu paso es único. La naturaleza, exhuberante. Enormes árboles te rodean por doquier y a lo lejos contemplas la roca maciza impertérrita que se alza majestuosa y desafiante. El contraste es espectacular. ¿Con qué me quedo? Con las moles de granito, con la espesura y los saltos de agua. Piensas que ya has visto verde y montañas rocosas … ¿qué es entonces lo sorprendente? Las dimensiones enormes de cada uno de estos elementos.

Al final del recorrido te espera tu cabaña. No es una película pero jurarías que esto lo has soñado alguna vez. Llegas al gran hotel de madera. Tienes de todo: supermercado, alquiler de bicicletas, … La cascada principal es la mayor de todos los Estados Unidos. Mide 739 m. Como estamos a primeros de junio he tenido la suerte de contemplar lo que muy pocos: el arco de luna. Cuando las cataratas llevan su máximo caudal, con la luna llena, sus rayos se proyectan justo donde rompe el agua de la cascada. El reflejo de estos rayos vistos a través del agua pulverizada en la noche, genera este arco iris nocturno hecho de luz blanca, azul y plateada. Una locura extasiante. Para privilegiados. Los indios ahwanichi, habitantes primitivos de este lugar, consideraban sagrada esta zona. Lógico.

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