La jacobea Basílica de San Sernín

Publicado el 12 enero 2015
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Como una maravilla del arte románico hemos de considerar la Basílica de San Sernín. Acostumbrados como estamos a un arte románico de pequeñas iglesias, contemplar la enorme, amplia y equilibrada basílica de San Sernín, en Toulouse, nos deja perplejos. Se encuentra en la ruta jacobea y forma con, Sainte-Foy de Con­ques, Saint-Martial de Limoges, San Martín de Tours y la caté­dral de Santiago de Compostela, un repoker impresionante de edificios con características similares. Todas ellas tienen un enorme crucero, un gran abside al que le da la vuelta un pasillo que permite la distribución radial de pequeñas capillas, el transepto y el coro. Las cinco formarían un conjunto unido por el elemento común del peregrinaje.

Está consagrada a la memoria del primer obispo de Toulouse, San Saturnino, también mártir. Por esas cosas de la vida de las palabras se quedó acortada en Sernín. Es curiosa y original su cúpula que, sin gozar de la esbelted de las torres góticas, ha sabido compensar la gran horizontalidad de toda la basílica con una sucesión de plantas elevándose hasta alcanzar una considerable altura y terminar en una pirámide octogonal. La fachada, aunque equilibrada, aparece muy vacía y el rosetón central apenas llena un pequeña parte de sus amplias dimensiones.

Entre sus ricos tesoros está su órgano. Data del siglo XVII. Robert Delaunay en 1672 fue el encargado de construirlo. Sus dimensiones son espectaculares, 10.30 metros de altura y 8,70 metros de ancho. Una parada obligatoria tanto para aquellos amantes de la ruta jacobea que tienen en esta basílica un exponente de la fe cristiana de primer orden como para los amantes del románico que deseen ampliar sus perspectivas.

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