Lanzarote: una mirada diferente

Publicado el 8 septiembre 2010
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Lanzarote es, probablemente, la más singular de todas las Islas Canarias. Todo viajero que quiera ir a la isla debe saber que lo que allí se va a encontrar no tiene nada que ver con ningún otro paisaje que conozca. De hecho, basta dar una vuelta por el Parque Nacional del Timanfaya para darse cuenta de que Lanzarote es… otra cosa.

Más allá de los circuitos turísticos, nadie debería abandonar la isla sin hacer tres cosas: ir al Timanfaya, visitar las playas vírgenes del sur e ir a la isla de La Graciosa. El Timanfaya es un Parque Nacional que engloba un desierto negro de lava seca. En el siglo XVIII el volcán entró en erupción, y, tras 6 años escupiendo rocas incadescentes, cerca de la mitad de Lanzarote es pura lava. La ruta de las montañas del fuego es espectacular, ya que se pueden casino observar los cráteres perfectamente nítidos además de los interminables valles de roca negra seca. El viajero que visita el Parque siente que si hay algún lugar parecido a la Luna en nuestro planeta, debe ser ése. Que le pregunten a Neil Armstrong.

Para disfrutar de un baño en la playa sin aglomeraciones y entorno único, lo mejor es visitar las playas del sur. Papagayo, Mujeres y Los Pozos son algunas de las playas que aparecen al final de las dunas, con (cosa rara en la isla), arena en lugar de roca. Es impagable ver un atardecer desde la Playa de Los Pozos, orientada hacia el Oeste, con el municipio de Playa Blanca al fondo.

Por último, quizá lo que más merezca la pena conocer sea la Isla Graciosa. Al norte de Lanzarote hay una pequeña islita (que se puede ver entera desde el Mirador del Río, obra de César Manrique) en la que sólo viven 500 personas repartidas en dos pueblecitos. Caleta del Sebo y Pedro Barba, los pueblos de La Graciosa, ni siquiera tienen sus calles asfaltadas. Visitarlos es saltar en el tiempo, casas blancas con calles de arena, sin coches ni prisas, ubicados en una isla completamente virgen y protegida. Desde Órzola, Lanzarote, sale cada un ferry que llega hasta Caleta del Sebo. Aunque algo caro, sin duda merece la pena.

Huyan de los sitios turísticos y descubran la parte más auténtica de Lanzarote, no se van a arrepentir

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