Una escapada a la Praga otoñal

Publicado el 22 noviembre 2012
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Me gustó Praga a pesar del frío otoñal tan contrastado con las suaves temperaturas que en estas fechas disfrutamos en Barcelona.

 

Gracias a una de esas ofertas de vuelos baratos que ofrecen las compañçias aéreas en los últimos tiempos pude conseguir un par de billetes a última hora para esta ciudad. El otoño en Praga se tiñe de todos sus colores en todas sus calles y parques. Junto al río Moldava es un placer pasear ya que su margen derecha está ampliamente ajardinada y en una agradable mañana llegas sin tropiezos ni ruidos de coches o de tranvías (¡qué vitalidad tienen en Praga los tranvías!) desde el puente de la cafetería Savoy hasta el mismísimo puente Carlos, centro histórico y romántico de todas las Pragas de ayer y de hoy. Por el camino es perfecto hacer una parada en el museo de arte contemporáneo Kampa, jugar con la cámara entre los niños gigantes de su entrada y visitar sus colecciones tan atrevidas. Recomiendo hacerse unas fotos eternas en una de sus terrazas de cristal que se adentran cual Titanic sobre el río. Arte y naturaleza se unen a ti y te transmiten la convicción de que estás viviendo una experiencia única. Realmente te sientes en esos momentos especial entre la enorme fila de pinguinos amarillos y esa silla agigantada que se apodera de los rumores de la corriente.

 

A continuación tienes dos opciones igual de interesantes. Puedes quedarte disfrutando del aire informal del barrio Mala Estrana, llegar hasta su plaza principal en la que se alza la Iglesia de San Nicolás y comer en la cafetería Victoria que se encuentra en una de sus esquinas, o te puedes cruzar el puente y entrar de lleno en el casco antiguo de Praga, perderte por sus calles y sus edificios a cual más bello hasta entrar de lleno en su plaza del reloj justo a la hora en punto para no perderte así el juego de la torre del reloj, de sus agujas y de sus artilugios a la par que el alto estallido de trompetas que te lloverá desde lo alto. Un espectáculo. Comer allí es muy sencillo. Abundan infinidad de restaurantes de estilo italiano con los que no te puedes equivocar. Pero siempre puedes buscar alguno algo más especial que te ofrezca una típica comida checa.

 

Praga es una apuesta segura para un fin de semana romántico en el centro de Europa con el que romper las rutinas diarias.

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